El otro día en la radio escuchaba una canción de La Santa Sabina… recordé casi a detalle aquel concierto en el UDEC, los momentos antes de entrar… dentro de “castulo” en donde conversé por horas enteras sin parar de reír y durante el concierto cuando me cargaron a los hombros para que lograra ver al escenario porque mi altura no me lo permitía… también caminé por Coyoacán y recordé aquella señora que se acercó un domingo a vender una flor blanca hecha de papel y que contó una historia de un amor que duraría para toda la vida y que no creí… los momentos en que me sentaba fuera de “Los Jarochos” a tomar un vaso de café -el café más delicioso que he probado en mi vida, no sé si era por el sabor o por la compañía-.
Han pasado tantos años y tantas cosas que me he detenido a pensar que entre tantas cosas y tantos años siempre se mantienen en mi mente esos momentos, esos días, esas risas, esa alegría…
Entre las cosas que valoro hoy día es que jamás hubo presión de ningún tipo para hacer las cosas de alguna forma, que el dolor que sentí en ese momento jamás se comparó con lo que he sentido ahora y que jamás hubo algún tipo de falta de respeto a mi persona, tal vez lo que extraño de esos días es el valor que me daba y se me daba… tal vez lo que extraño es esa sonrisa en las fotos que siempre se destacaba de las demás y ese destello de alegría en los ojos que era real y sincera…
No tenía tapujos, límites, miedos, tristezas, la felicidad se respiraba en el ambiente y lo sentía en mi vida y en mi cuerpo; la vida sigue, y aunque he pasado muchos momentos felices y me han sucedido grandiosas cosas en mi vida, aún conservo aquellos días como parte de mis más valiosos tesoros.
0 comentarios:
Publicar un comentario